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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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vestrae]
Cuando he dicho que Dios no era un ser y que estaba por encima del
ser, no le he negado en modo alguno el ser; por el contrario, le he atribuido
un ser más elevado. [Sermón: Quasi stella matutina...].
Capítulo V
Que no es nada conceptual la Causa suprema de todo lo conceptual
En paralelo con el capítulo anterior, ahora se trata de –en esta ascensión
progresiva de desasimiento– renunciar a las operaciones intelectuales, a lo
inteligible. Se trata ahora de, siguiendo los consejos a Timoteo con que comenzaba
el tratado, esforzarse
por subir lo más que puedas hasta unirte con aquel que está
más allá de todo ser y de todo saber.
Así pues, ahora ya sólo aparecen negaciones,
y comienza con lo que antes, cuando pretendía la renuncia de la sensibilidad, no
había negado:
esta Causa no es alma ni inteligencia; (...).
Termina el acopio de
negaciones con lo siguiente:
Absolutamente nada se puede afirmar ni negar de ella.
Parecería paradójico en una primera aproximación, pero es muy interesante, pues
nos dice que, realmente, la afirmación y la negación no son practicadas por sí
mismas, esto es, no son ni la una ni la otra la meta. Sólo son escalas del camino,
etapas en el método, pero el fin es otro. Ni siquiera es suficiente la negación, pues
ni siquiera esta es suficiente o adecuada para referirnos a aquella que la trasciende:
(...) nada puede añadir la afirmación a la que es perfecta y única
Causa de todo cuanto es. Y toda negación se queda corta ante la
trascendencia de quien es absolutamente simple y despojado de toda
limitación. Nada puede alcanzarlo.
Con estas palabras termina el breve tratado. Y no es en modo alguno un
corte abrupto. Simplemente que ahora, a partir de ese estadio alcanzado, ya no
caben palabras: y así, no siguen las palabras porque ya es el perfecto Silencio. Y
entonces, podemos volver al principio, a la oración con que comenzaba el tratado:
Trinidad supraesencial, Sumo Dios, Suprema Bondad, guardián de la
sabiduría divina de los cristianos, condúcenos a la más desconocida, la más
luminosa, la más alta cumbre de las Escrituras místicas; allí están ocultos,
bajo las tinieblas más que luminosas del silencio que revela los secretos, los
simples, absolutos e inmutables misterios de la teología, que