Página 94 - portada 16

Versión de HTML Básico

El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
93
persona sino de sí mismo. Abandonarse en una renuncia a lo inteligible que no nos
lleva a una mera ignorancia –la que puede considerarse un defecto– sino a la docta
ignorancia –de la que luego se ocuparía magistralmente Nicolás de Cusa–.
Capítulo II
Cómo debemos unirnos y alabar al Autor de todas las cosas, que está por
encima de todo
Aquí, Pseudo Dionisio prosigue con su método exponiendo más directa y
claramente aquello con que ha concluido en el capítulo primero. Empieza con una
apasionada exclamación, en que –como San Anselmo en su
Proslogion
– insta a
seguir ese ascenso a la cumbre, hacia un profundo abismamiento que nos llevará al
conocimiento más excelso desde su ignorancia, desde su incognoscibilidad. Sería el
modo de la alabanza como culminación al proceso de renuncia. Y a este respecto
propone un ilustrativo ejemplo: se trataría de un proceso análogo al que el escultor
sigue con una roca, a la que ha de quitar todo lo que recubre la estatua, todo lo
que oculta su belleza intrínseca. Se trata entonces de un proceso de
desprendimiento para la mostración del interior que esconde la belleza.
Por ello, son distintos los procesos de afirmación y los de negación. Y así,
con el primero descendemos, pues caminamos desde los principios, por los medios
–que eran
las cosas más santas y sublimes percibidas por nuestros ojos y razón
hasta las cosas. Y con el segundo, ascendemos –desde las cosas, por los medios,
hasta los principios–. Por analogía, podríamos decir que la vía afirmativa consistiría
en, desde la escultura oculta en la roca, ir hasta la roca misma; la vía negativa es
la que nos llevaría a la eliminación de eso que sobra y oculta, a modo de tupidos
velos la belleza de la estatua–. Se trata de conocer desenvolviendo lo envuelto por
la negación; de conocer lo envuelto por las envolturas en la afirmación. A su vez,
estas vías afirmativas y negativas tienen un correlato en el orden existencial –como
ya se intuía en el primer capítulo–, y es que a la afirmación le correspondería la
inicial actitud receptiva, la de comenzar a preocuparse de la re–unión desde la
dispersión en que nos perdemos a nosotros mismos; y a la negación le
correspondería una actitud mucho más comprometida y arriesgada, la del
desasimiento, el desprendimiento y la renuncia, la eliminación de los velos hacia la
pura desnudez de lo incognoscible.