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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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algo más íntimo, era expresión de una vivencia
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. Y volvamos entonces a releer el
texto de la oración inicial que hemos transcrito, en que San Anselmo pide a Dios
que enseñe
a su corazón.
Y la idea misma se le muestra tras un crítico periodo de
tensión, de malestar e inquietud, como culminación de este proceso –cual si, por
analogía, hubiese sido el alcanzar la cima, tras el duro ascenso, la ascesis, y
entonces
el objeto de búsqueda se descubrió ante su entendimiento, y su interior
se llenó todo él de una dicha ilimitada
–. Que ambos empiecen con una oración
supone que aquello que se pide, lo pretendido, es algo íntimo y vivencial, no es el
mero objeto de un razonamiento lógico, no cabe sin más el uso de silogismos, que
resultan claramente insuficientes, como también lo será el lenguaje, el juicio
afirmativo. Y esta experiencia será la de la preparación para un ascenso, una
ascesis, en que –y así comienzan los primeros consejos de Pseudo Dionisio a
Timoteo– habrá de llevar a cabo un ejercicio de desprendimiento y renuncia, lo que,
siglos más tarde, en su poética de la negación en
Monte de Perfección
plasmará
San Juan de la Cruz. Este proceso de desasimiento tiene como objeto superar tanto
lo sensible como lo inteligible, que permitirá la elevación espiritual. Pero este duro
ejercicio requiere a su vez de una ejercitación previa, pues en el segundo parágrafo
Pseudo Dionisio advierte de la inconveniencia de que los
ignorantes
sepan este
camino. Los ignorantes son aquellos que están aferrados a las cosas, pero con tal
aferramiento que se tornan esclavos de las cosas. No están, por tanto, con–
vertidos. Esto es, no convergen a la unidad, sino que se dispersan en la
multiplicidad. Esto nos da más datos, pues cuando habló a Timoteo de este
proceso ascético se supone que ya, previamente, se ha desasido en un grado en
que no es esclavo de las cosas, no es ignorante, aunque aún no es perfecto. Está ya
pues liberado de la más tosca de las servidumbres, y está en disposición al
ascenso:
entregado por completo a la contemplación mística.
Ya no se trata
meramente de liberarse de las cosas sino de, dando un paso más, liberarse de sí
mismo, lo que le llevará a una liberación más alta, más profunda.
Entonces pasa a formularse de inmediato lo que conformará las llamadas
teologías afirmativa y negativa. Se definen estas, desde el principio, en una relación
de complementariedad que supera ya un uso inmediato y reduccionista de la lógica
pues, referido a la Causa de todos los seres, todo cuanto pueda predicarse del ser
se predicará, por extensión, a la Causa. Sin embargo, esto no implica que la
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Jaspers, Karl.
Los grandes filósofos, III. Los metafísicos que pensaron desde el origen: Anaximandro,
Heráclito, Parménides, Plotino, Anselmo, Spinoza, Lao-Tse, Nagarjuna.
Madrid: Tecnos, 1998.