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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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obvio que, haciendo honor a lo que en el mismo dice Pseudo Dionisio:
cuanto más
alto volamos, menos palabras necesitamos,
y es que esta idea cobra carta de
naturaleza en este escrito que trasciende en su sentido e influencia la brevedad que
lo conforma. Un texto que en su gran brevedad es trascendido por la profundidad
con que cala en la posteridad. Pero vayamos ya al escrito, a estas pocas páginas en
las que nos detendremos respetando sus cinco capítulos:
Capítulo I
En qué consiste la divina tiniebla
Lo primero que nos llama la atención de este capítulo es que comience con
una imploración, una oración en que pide –como cuenta a Timoteo, el receptor de
este tratado– luz para ir más allá de la luz, un camino, un método, un modo para
llegar a ascender a la cumbre del conocimiento que traspasa todo conocimiento.
Pide llegar a las
tinieblas luminosas del silencio que muestra los secretos.
En esta
frase se resume magistralmente lo que será el desarrollo de ese camino, en que el
que se entrega a la contemplación mística espera, receptivo, la presencia del
misterio, desde una actitud silenciosa, descrita mediante una paradoja:
tinieblas
luminosas.
Definir así una actitud, un modo de disposición para permitir la aparición
del misterio, por esa pretendida escalada a
la cima más alta de las Escrituras
místicas,
apunta algo importante: el problema de expresar una experiencia que de
suyo trasciende al lenguaje mismo, esto es, ¿es comunicable esta experiencia?
¿cómo expresar una experiencia que va más allá de lo que puede decirse en un
juicio, en un aserto? ¿es posible apurar el lenguaje de tal modo que podamos
referirnos a eso otro que lo supera?
Ya desde el comienzo, entendemos que la gran cuestión es: ¿qué es la
mística? La dificultad es patente por cuanto que no logramos encontrar una
definición, y a modo de ejemplo podemos remitirnos al comienzo del estudio
El
fenómeno místico
de Juan Martín Velasco, que en las cuestiones preliminares que
constituyen la primera parte del libro, comienza con el apartado:
“Mística”. Uso y
abuso de un término impreciso. Hacia una inicial delimitación del significado de
“Mística”.
Aquí hace notar la imprecisión de un término que en su polisemia
conlleva unas inevitables notas de ambigüedad, manifiesto en la definición que nos
aportan los diccionarios –definiciones a las que se refiere en su trabajo el autor–.
Pero, ¿qué es mística? La presencia de esta dificultad no hace sino señalarnos la