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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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El lenguaje científico-filosófico reduce la pluralidad de la realidad a sus
elementos esenciales y estructurales, como el físico reduce el mundo a la tabla
periódica de los elementos y a las fuerzas básicas: electricidad, magnetismo,
gravedad y las fuerzas nucleares fuerte y débil; en este sentido, los conceptos –
como ya explicó muy claramente Nietzsche en
El crepúsculo de los ídolos
(1888,
§6)- secan la realidad, la esquematizan, la simplifican, la matan y la momifican, y
así los libros de ciencias y de filosofía abstracta no contendrían sino momias
conceptuales, esquemas muertos de lo real vivo y vivido por los humanos.
Por el contrario, piensa Mª Zambrano, la palabra poética es una palabra de
vida y de amor a las cosas existentes, a la pluralidad de la realidad, a todos los
matices y aspectos de las cosas y seres que se nos aparecen en nuestra experiencia
de la vida. El
decir poético
es un declarar más plena y hondamente todos los
resquicios de las cosas tal como las vivimos desde nuestra carne y sus sueños,
hasta de las más insignificantes y hasta de las cosas que todavía no existen. Frente
al lenguaje conceptual, Mª Zambrano subraya la necesidad de decir las cosas en su
realidad múltiple, dejándolas mostrarse desde el trasfondo de actitudes religiosas
cristianas y místicas como la piedad, el amor, la caridad, etc. Tras esta
introducción, el texto que proponemos para ser comentado y meditado es el
siguiente:
“La palabra de la filosofía por afán de precisión, persiguiendo la seguridad,
ha trazado un camino que no puede atravesar la inagotable riqueza. La
palabra irracionalidad de la poesía, por fidelidad a lo hallado, no traza
camino. Va, al parecer, perdida. Las dos palabras tienen su raíz y su razón.
La verdad que camina esforzadamente y paso a paso, y avanzando por sí
misma, y la otra que no pretende ni siquiera ser verdad, sino solamente fijar
lo recibido, dibujar el sueño, regresar por la palabra al paraíso primero y
compartirlo. La palabra que significa la apertura total de una vida a quien su
cuerpo, su carne y su alma, hasta su pensamiento, sólo le sirven de
instrumentos, modos de extenderse entre las cosas. Una vida que teniendo
libertad, sólo la usa para regresar allí donde puede encontrarse con todos.
La palabra que define y la palabra que penetra lentamente en la
noche de lo inexpresable: “Escribía silencios, noches; anotaba lo
inexpresable. Fijaba vértigos” [Rimbaud]. La palabra que quiere fijar lo
inexpresable, porque no se resigna a que cada ser sea solamente lo que