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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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Continuando con Tubingen y por señalar alguno de los acontecimientos más
relevantes recordaré que en aquella época, casi inicio de los años setenta del siglo
pasado, todavía había muchos españoles en Alemania. Recibían el nombre
Gastarbeiter; es decir, trabajadores invitados. Un caso más de las palabras al
servicio de la corrección política. Casi todos volvieron a España una vez que
ahorraron algún marco, la fuerte moneda alemana antes que el euro absorbiera a
todas, no sé si para bien o para mal. Para bien de algunos, seguro. En el Centro
Español se reunían dichos trabajadores y algunos estudiantes, sobre todo
seminaristas o exseminaristas. Recuérdese que Tubinga lucía una de las
Universidades más importantes en teología, esa supuesta ciencia que habla hasta
por los codos de lo que no existe, tanto católica como protestante. Yo dedicado a
mi alemán que bien rudimentario lo llevaba. Tuve que hacer un curso de lenguaje y
aprobarlo. Si tuviera que dar algún dato que ofrezca algún aspecto fresco de
aquella relativamente estancia en Alemania sin caer en los manidos lugares
comunes, tengo que decir que Tubingen era una ciudad con marcha, nada aburrida
y con una vida nocturna como cualquier ciudad española. En Carnavales se
desparramaba todo, sobre todo cerveza. Fui disfrazado, y con mi amigo Paco Sosa
Wagner hoy dedicado a la farándula política, a una fiesta. Vi una señora madura
alemana, y yo, que no había visto una mujer ni de cerca, la invite a bailar. Al
segundo baile, educadamente, me devolvió a mi sitio. Debió de pensar que me
arrimaba demasiado. Creo que acertó. A los 26 años yo andaba más perdido que un
pulpo en un garaje. A poco de llegar conocí a un amigo peruano, David Sobrevilla,
recientemente fallecido, y que me ayudó mucho en mis primeros pasos en
Alemania. Hizo la tesis con un profesor llamado Ulmer, discípulo de Heidegger y
que según me contaron acabó suicidándose. También hizo la tesis con el mi amigo
y maestro, al que luego me referiré con más detalle, E. Tugendat. Yo andaba
leyendo de un lado a otro, siempre dentro del Seminario de Filosofía, a dos pasos
de donde me hospedaba con la Señora Sauer, más católica que el Papa, aunque
supongo que esto no tiene que ser muy difícil. Mi interés se centraba en el extraño,
extravagante y genial filósofo Wittgenstein, pero en la católica, teológica y
tradicional Tubinga dominaba la bruma de lo heidegeriano, ese engrudo entre
romántico y especulativo que ha caracterizado el filosofar alemán. Me adelanto a
decir que, años más tarde, presente mi tesis doctoral en la Universidad Autónoma
de Madrid y trataba de la concepción de la filosofía y de la religión en Wittgenstein.
Un bodrio. Tal vez se salvaba la parte dedicada a la religión, tema al que me he