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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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comienza a declinar. Y porque la ignorancia y el oportunismo tienen los pies cortos.
Lo que se ha vendido ha sido lo siguiente. Como la relación médico-paciente es
fundamental conviene tener unas normas por las que regirnos a la hora de que esa
relación sea lo más fructífera posible. Ahí aparecieron, como cayendo del cielo, los
famosos
Principios de la Bioética
. Se inspiraban en el Informe de Belmont, un
informe hecho en EEUU y que tuvo cierta repercusión. Dos autores, Beauchamps y
Childres, se basaron en dicho informe y pasearon por todo el mundo lo que
llamaron los Principios de la Bioética El Informe hablaba de tres. Ellos añadieron
uno más y son estos: autonomía, justicia, benevolencia y malevolencia. No hace
falta apretarse mucho las neuronas para darse cuenta que la autonomía se refiere a
la del paciente, la justicia a la distribución de los recursos, la benevolencia a hacer
el bien al paciente y la malevolencia a evitarlo. Los autores en cuestión se apoyaron
en los principios que el filósofo J. Rawls propuso con el fin de diseñar una sociedad
justa. La diferencia estriba en que Rawls los ponía en orden lexicográfico o, lo que
es lo mismo, jerarquizados mientras en el caso de la Bioética se pueden combinar.
Algunos vieron mana en esos sacrosantos principios y han reducido la Bioética a
dar vueltas y vueltas sobre ellos. Lo que sucede es que el Informe no tiene
autoridad divina ni humana. Ni los principios son principios sino, en todo caso,
orientaciones. Ni nadie tiene una vara de medir para que se queden el cuatro. Ni
está claro que benevolencia o malevolencia tengan puesto alguno ya que los
profesionales de la medicina, y esto sí que es por principio, han de dar por
supuesto que harán el bien y evitarán el mal. Durante varios decenios tales
Principios se han presentado como el todo de la Bioética, han llenado los bolsillos
de no pocos y han posibilitado que se haga bioético, por la vía rápida, quien se
apunte sin otro mérito que su deseo. En el mejor de los casos podrían valer para
ser Principios de la Bioética Clínica y nada más. Repito que han absorbido toda la
Bioética y han dado lugar a lo que yo llamo turismo bioético. Se crean redes,
congresos, encuentros, discusiones, y todo lo imaginable en honor de los
manoseados, abusados y aprovechados Principios. Se me preguntará ahora qué es,
entonces, para mí la Bioética. Tengo la tentación de responder diciendo que algo
del pasado y que no da mucho más de sí. Me arriesgaré a apuntar, sin embargo, lo
que daría sentido a esa disciplina. Lo primero, discutir si se limita a ser una parte
de la Ética, lo que supondría un conocimiento adecuado de esta disciplina, además
de saber rastrear el campo empírico al que se proyecta. O, por el contrario, si se
abre una disciplina diferente y se muestra todo lo que debe abarcar. Por mi parte, y