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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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místico y la ética. Brevemente remitiré lo místico a lo que ya dije al hablar de lo
indecible en el
Tractatus
. Respecto a la Ética, y expuesto de manera sumaria, lo
que habitualmente llamamos moral no deja de ser reglas sociales. Lo
verdaderamente ético se esconde en la acción misma de cada individuo. Cada día
estoy más de acuerdo. De la figura de Wittgenstein se ha dicho de todo. Sin duda,
fue un personaje extraño que no encaja con lo convencional. Fue un hombre
peculiar, de familia adinerada, que dejó lo mucho que heredaba para dedicarse a
huir de los fantasmas que nos atenazan. Y para huir de las muchas tonterías que
han dicho y dicen algunos en nombre de la filosofía. Una filosofía que, en vez de
dar luz, entontece. Wittgenstein fe un gran reductor. Nos hizo descender de
creernos ángeles a sabernos animales que, de vez en cuando tenemos la suerte de
pensar.
El tercer punto que quiero tocar para completar lo que han sido mis
intereses tiene que ver con esa desbordante, ambigua, débil y casi supersticiosa
materia que recibe el nombre de Bioética. Desde su nacimiento oficial en los años
setenta anda dando vueltas como loca. Antes de nada, no convendría olvidar que
uno de los que la bautizaron con el nombre que ahora lleva en el escudo era
católico y que entre los primeros bioéticos se encontraban un buen número de
teólogos. De la misma forma que hoy el integrismo cristiano se ha metido por todos
los flancos bioéticos colocando sus alfiles en los hospitales, con asociaciones,
congresos bien elegidos, editoriales, libros y todo lo que se tercie. Porque es muy
duro para el creyente religioso, y especialmente para su jerarquía, que metan otros
los dedos en lo que sería su monopolio: la gestión de la vida y la muerte. Toleran
mejor que no se crea, por ejemplo, en la Trinidad. Aunque los más peligrosos son
los que van de lado, los que disimulan, los que nunca se comprometen con nada
que rompa lo convencional o sus reductos, conservadores sin duda, político-
religiosos. Y han puesto en marcha una afinada estrategia. Con uno o más master
han ofrecido un producto con esplendidas promesas. Y se lo han vendido, de
manera especial, a los médicos. Un médico sabe de su especialidad, cuando sabe,
pero no tiene ni idea de ética o de otra serie de cuestiones que exigen una
formación cultural que vaya más allá de la especialidad correspondiente. Y ahí
algunos han hecho su agosto. No habría más Bioética que la de ellos. El salto a
Latinoamérica ha cerrado el ciclo. Al menos, hasta ahora porque esa estrella