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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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un opúsculo más bien, habré leído y releído con más gusto, además de traducido,
que esta original y rotunda crítica al antropólogo Frazer. El libro es una joya de
antropología imaginativa. Para Wittgenstein los ritos, las ceremonias, sus mitos y
su religión de los que denominamos primitivos no operan como creencias. Se trata,
por el contrario, de puras expresiones, reacciones que no podemos juzgar bajo el
prisma de nuestros estándares racionales. Hoy dudo de que Wittgenstein tuviera
toda la razón. Me parece que la tiene en parte, pero no es posible eliminar un
mínimo de creencias en el más desaforado mito religioso. Y en cuanto a esas
reacciones o la necesidad de simbolizar, nos parecemos mucho más a ellos de un
talento peculiar. lo que pensamos. Ahí sí que estoy de acuerdo. Finalmente, un
recuerdo a lo mucho que escribió Wittgenstein, también poco antes de morir, sobre
los colores y que no se ha atendido como se merece. Fue Newton, como es bien
conocido, quien con un pequeño artefacto y en su habitación, descubrió los siete
colores que, salvo patologías, filtra nuestra retina. De la misma manera que los
volvió a componer para convertirlos en blanco. Desde entonces se conoce la
fisiología de los colores como el paso de los rayos luminosos desde los
fotoreceptores al cerebro. El ojo juega un papel mediador esencial. Y la Óptica se
ocupa de tales procesos fisiológicos. Goethe estudió el tema de los colores y llegó a
pensar que eran sus mayores logros en su vida teórica. Unió romanticismo y
ciencia. Algo muy propio de un hombre universal que sorprende por su talento.
Pero Goethe se centró en la percepción de los sujetos a la hora de captar los
colores. Es difícil definir la percepción puesto que se trataría de una impresión que
se sitúa entre la sensación y los conceptos. En cualquier caso, estudió las vivencias
de los colores que son el choque de la luz contra nuestros cuerpos. Del color azul
dijo que era “negación estimulante”. Me encanta porque mi color preferido es el
azul. Aunque no sé bien de donde me viene esa preferencia. Tal vez porque cuando
llegaba de vacaciones a casa, mi madre me vestía, según ella, de “azul Bilbao”. Los
surrealistas ponían color a los nombres. Así, por ejemplo, a Emilio le pertenecería el
color verde. Es en este terreno en el que entra con fuerza Wittgenstein. Siempre le
importó fijarse en lo que no suele tocarse, en lo que se encuentra a medio camino
entre lo objetivo y lo subjetivo. Es lo sucede con los colores. Para él jugamos con
los colores, los acoplamos a nuestras vidas, son modos de organizarnos. Y es que
no dejamos de ser animales que construimos los nichos en los que vivir. No es
extraño que las culturas difieran en el número de colores y en el rango que les
otorgan. Alguien puede pensar que, entre otras cosas, me he dejado en el tintero lo