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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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los límites del lenguaje. Lo que he expuesto es una síntesis más que apretada del
Tractatus
. El libro cayó como una bomba. Para unos ofrecía la mejor interpretación
de lo que es la ciencia. Para otros era como una flecha que se escapa de este
mundo. Pero Wittgenstein siguió escribiendo sin publicar y enseñando, en una
especie de conversión, de forma opuesta a lo que nos entregó con el
Tractatus
. Se
trata del llamado Segundo Wittgenstein. Ahora el lenguaje que importa es el que
usamos habitualmente y que tiene mil ramificaciones. Se asemeja a una cadena
con los diferentes eslabones. Tales eslabones son lo que él denominó juegos de
lenguaje o formas de vida. De nuevo lo expuesto no pasa de ser una síntesis
raquítica de lo que Wittgenstein no llegó a publicar y que fue modificando con el
paso del tiempo. Le oí decir a Tomassini, un buen conocedor de nuestro filósofo,
que si uno lee, pongamos por ejemplo a Descartes, intenta entenderle, relacionarle
con otros autores y captar lo que sería el núcleo de su mensaje filosófico.
Wittgenstein, por el contrario, es como si te rechazara, te arrojara, te dejara
huérfano, te señalara unas huellas y desapareciera. Estoy totalmente de acuerdo.
Porque Wittgenstein, el Segundo en concreto, describe los diferentes modos de vida
para que tu elijas uno y lo hace con el arte que solo una persona genial puede
hacerlo. Estoy totalmente de acuerdo. Porque Wittgenstein describe los diferentes
modos de vida para que tu construyas uno. Por mi parte, resumiría lo expuesto de
la siguiente forma. El Primer Wittgenstein nos da el cuadro, marco o teoría de lo
que es nuestra vida. Y la vida es, además de lo que llevamos a cabo desde que nos
levantamos hasta que nos acostamos, una extraña indicación de que lo que
realmente nos interesa está fuera del círculo en el que, necesariamente, habitamos.
Es lo desconocido. Puede ser la nada. Pero para andar con la soltura necesaria en el
día a día, quien nos ilumina es el Segundo Wittgenstein. Dicho de otra manera, ahí
se nos presenta como el campeón de la vida cotidiana. Wittgenstein continuó
escribiendo hasta de dos días antes de su muerte. Lo hacía en su libro “Sobre la
certeza” en donde, fiel a su capacidad destructiva del acrítico sentido común, le
decía a Moore que uno no cree que tiene dos manos porque las enseñe. Lo cree
porque existe un conjunto de conocimientos y supuestos que me permiten entender
lo que es una mano y señalarla. Bajo la apariencia de una simple constatación, lo
que quiere decir es que somos un organismo que se construye y construye en las
ya citadas formas de vida, en cadena con otros conocimientos, creando nuestro
modo de ser. En 1967 Miss Anscombe, discípula y amiga del filósofo, encontró
perdidas en un cajón las “
Observaciones a la Rama Dorada de Frazer
”. Pocos libros,