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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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refiero al que dirigía Jesús Hermida. J. Hermida, que primero fue corresponsal en
Nueva York y llamaba la atención por el ondulado de su pelo y la entonación de su
voz, era un showman, un hombre teatral, se recreaba en lo que hacía pero que
consiguió dirigir unas tertulias televisivas que hoy serían imposibles. Por la libertad
con la que se podía hablar y por la disparidad ideológica de los participantes. No
llegaba a la altura de La Clave que, bajo la batuta y la pipa de Balbin, ha sido, tal
vez, lo mejor que se ha visto en estos cuarenta años posteriores a la dictadura
franquista Con Balbin estuve una decena de veces. Con Hermida los temas eran de
lo más variados y, por supuesto, no faltaban los referidos a las peripecias políticas
del momento. Pero no se trataban las cuestiones tanto políticas y no políticas, con
la vacía palabrería de la actualidad. Además, se habría un marco social que hoy casi
no existe. Y si existe pasa a un segundo plano. Recuerdo que en una ocasión se
discutió sobre la eutanasia. No habría que olvidar que la eutanasia hoy sigue siendo
ilegal en España. Parece mentira, pero se expone quien ejerza la eutanasia a seis u
ocho años de cárcel. Y eso que el Código Penal que la condena no es del Paleolítico
sino del año 1995. En ese polémico programa, que supuso una valiente decisión de
Hermida, habló por videoconferencia, Ramón Sampedro, un tetrapléjico que estaba
pidiendo a gritos el suicidio asistido, pariente cercano de la eutanasia. Decía que se
sentía como una cabeza pegada a un vegetal y que no deseaba continuar viviendo
de esta forma. Pilar Urbano y Gallardón le soltaron un discurso clerical mientras que
Salvador Paniker, el primer presidente de la “Asociación Morir Dignamente”, y yo
defendíamos la postura opuesta. O lo que es lo mismo, la eutanasia voluntaria y
activa. Este episodio me hace recordar que a mediados de los ochenta F. Tola se
atrevió a plantear en Televisión también el espinoso, y muy castigado penalmente,
problema del aborto. Gallardón padre e Isabel Tocino completamente en contra.
Cristina Alberdi y yo a favor. Con diferencias en lo que atañe a la defensa. Yo lo
defendía sin restricciones iniciales, a plazos. C. Alberdi con los supuestos
habituales. Para entonces la combativa en otro tiempo Alberdi se había comenzado
a cortar las uñas.
Como coda a lo que acabo de decir me gustaría recordar a Elena Ochoa, hoy
flamante mujer del gran arquitecto Foster. Tenía un programa sobre sexo, un
desafío por el tema y porque este país cuando se pone timorato le sale todo el pelo