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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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un hombre que sabe y sabe reírse, y yo. Siempre le estaré agradecido a Nieves.
Con Pepa Fernández, también en RNE, llevo colaborando desde hace años. Un
programa, y ese es un mérito incuestionable, que se ha mantenido durante 18
años. Solo con un buen hacer se consigue ese record. El problema es que es
sumamente viajero por lo que estás fuera de casa todo el fin de semana. Dentro del
grupo que conforman el núcleo duro de dicho programa están Iñigo y Andrés
Aberasturi. El primero es un hombre que se ha movido con soltura y dominio en los
medios de comunicación desde hace décadas y de una sabiduría popular
incuestionable. Lástima que sea tan conservador. De Andrés solo puedo hablar
bien. Bueno como profesional y bueno como amigo. Y muy bueno en momentos
difíciles como los de la ansiedad que sigue a un trauma de esos que sesgan tu vida.
Con Pepa he estado a gusto, me he llevado bien y, distintos como somos, hay algo
que nos posibilita esos acuerdos que deseamos los humanos para seguir juntos. En
Onda Cero y durante dos años fui a las tertulias de la tarde. No sé bien por qué no
tuve mucho feeling con Julia Otero. Buena profesional, por usar una frase que
suena ya a tópico, me daba la impresión de que era como la maestra que hace
preguntas a los alumnos. Además, muy repipi. Y algo que me desganaba de
manera especial es que no había un gramo de humor. Me marché y poco después
de haberme ido me llamó el que organizaba los coloquios, nos adelantaba el tema y
consensuaba los días en que podíamos ir. Me pedía unas palabras para
contextualizar la tertulia de aquel día. Le dije que acababa de morir mi mujer y
quedó boquiabierto. Más sorprendido quedé yo. La esquela de Elena había salido en
el periódico de más tirada, en ese mismo periódico escribí yo un artículo a propósito
de su pérdida y en uno de los programas de mayor audiencia de la Televisión me
hicieron una entrevista sobre la eutanasia en la que volvimos a tocar el tema. No
me entraba en la cabeza que no se hubieran enterado. Así funciona lo que llaman
España. Y no recibí el pésame de ninguno de los que por arriba o por abajo
participaban en las tertulias. Y eso no se olvida nunca. Siempre me ha gustado
hacer divisiones binarias para clasificar a la gente. La actual es la de los que se
portaron bien en aquel trance y la de aquellos otros que, parecían amigos, e
hicieron como que no se enteraron. Estos ya pueden hacer milagros que para mí no
existen. En la única radio de reconocida audiencia en la que no he participado ha
sido en la Cope. Los Obispos sabrán por qué. Si de la radio pasamos a la Televisión
creo que he estado en todos los programas y no es exageración. Me importa
destacar, sin embargo, uno. De este me convertí en un tertuliano habitual. Me