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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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convencido que ha calado en los genes. Un año antes de entrar a formar parte del
Consejo Editorial del periódico El Mundo dirigido por Pedro Jota y que salió a bombo
y platillo en 1989, hice mis oposiciones a Cátedra en la Autónoma. Nos
presentamos dos, un antiguo amigo y yo. Hubo expectación y los dos fuimos
acompañados por los correspondientes amigos. Gané yo la cátedra y mi opositor la
tendría poco después en la Universidad Carlos III. El presidente del tribunal fue el
muy conocido socialista, político y profesor Gregorio Peces Barba. No tuve con el
nunca una relación especial. Nos separaba un abismo en muchos aspectos y,
especialmente, en nuestra visión del País Vasco. El hecho es que me la dieron y
como catedrático he ejercido desde entonces hasta mi jubilación. O, para ser
exactos, nunca he ejercido de catedrático. Solo algunos podemos presumir de no
haber utilizado a nuestro provecho la posición de privilegio que te daba el cargo.
Pocos meses después participé en una aventura que me dio la posibilidad de
conocer por dentro el laberinto del periodismo y de la política. Pedro Jota editaba,
como dije, El Mundo y me llamó para formar parte del Consejo Editorial de dicho
diario. Me imagino que mi buen amigo Gabriel Albiac debió recomendarme. Gabriel,
a pesar de todos los vaivenes políticos, ha sido siempre un estimado amigo. Estuve
nueve años en aquel Consejo que empezó con fuerza y la fue perdiendo hasta que
en el año 98 me echaron. He decir que ha sido mi destino que me echaran de casi
todas partes. De Comillas, de Roma, del Colegio Mayor San Carlos, con todos, de la
Autónoma, de El País y de El Mundo. Creo que he cubierto ya el cupo. En el
Consejo, la izquierda la formábamos Martin Seco y yo. Y el momento era
apasionante. Caía el muro de Berlín, los sucesos de la Plaza de Tianamen y el
comienzo del proceso contra el Gal que acabó en una X sin despejar por culpa del
arribista Garzón. En aquel momento al periódico, que es lo mismo que decir a su
director, le venía bien mi línea pactista y hasta comprensiva con lo que se llamaba
la Izquierda Abertzale. Un hecho bien real lo pondrá de manifiesto. Pedro Jota,
buen periodista, pero sin un gramo de afectos y oportunista de libro, mostraba una
especial comprensión por las reivindicaciones de los vascos. Y yo escribía en el
periódico con una libertad sobre el tema que no hubiera sido posible en otros
medios similares. Me dijo si podía ponerme en contacto con gente importante de
Herri Batasuna y organizar una comida en Bilbao, concretamente en el Hotel Ercilla.
Le llamé a una amiga, Ikerne Letamendia, y se lo conté. Fue rápida y enseguida
montó la comida a la que vinieron Chema Montero, que pronto dejaría de
pertenecer a ese movimiento, Elcoro , Iñaki Oshea que sigue siendo un amigo y un