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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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favor del pacifismo fueron los omnipresentes y devoradores partidos políticos. Uno
de los peores males de la transición es que convirtieron a dichos partidos en
fiscales, empresas de colocación y jefes supremos de la manada que les tocara en
suerte. Claro que muchos de la manada quedaron encantados. Enseguida les
llovieron puestos de trabajo, apoyos en los negocios y subvenciones. También se
puso en marcha la Asociación contra la tortura. Si uno lee Amnistía Internacional,
se tortura en más de la mitad de los estados que luego, lagrimeando o vociferando,
pertenecen a las Naciones Unidas e inclinan la cabeza ante los Derechos Humanos.
Y se tortura no solo en las lejanas dictaduras, muchas de ellas amparadas y
expoliadas por los muy civilizados países, sino en los que presumen de ser
demócratas “a la page”. Y eso no es verdad. Incluso países como Israel o el Reino
Unido han tenido que ser llamados al orden porque legalmente permiten pequeños
malos tratos. En España en la dictadura se torturó y la Asociación contra la Tortura
que todavía pervive, censura casos de tortura hoy. Igual que lo denuncian otros
organismos internacionales. La tortura está oficialmente prohibida en todos los
países del mundo. Pueden mantener la pena de muerte pero, cínicamente, toleran
la tortura lo que quiere decir que hacen la vista gorda ante la peor de las
humillaciones. Y lo es.
Entre tanto yo seguí dando clases, leyendo y escribiendo. Pienso que escribí
demasiados libros, que lo hice con excesiva rapidez. Algunos me los podía haber
ahorrado. Otros los cuento entre lo mejor, o menos malo, que he hecho. Por
ejemplo, el
Diccionario de Ética
publicado en Planeta. Al mismo tiempo, continué,
además de con las clases, mi actividad pública y tuve que hablar, discutir o
enfrentarme con todo tipo de personas. Si tuviera que sacar la media de cómo veía
y veo a tales personas, y salvo las excepciones que siempre hay que hacer, diría lo
siguiente. Y lo considero una característica de buena parte de este país llamado
España. Hay pícaros, sprinters, ocurrentes, bufones, habladores, provocadores,
chulos de la palabra, ligones intelectuales y acaparadores vanidosos de los lugares
en los que se habla. Lo que falta es tranquilidad en la discusión, fair-play,
autocrítica y argumentación. Pero para argumentar hace falta elevarse a lo
abstracto que decía el farragoso filósofo Hegel. Y la capacidad de abstracción no
parece que sobresale en un país que es un cuadro en el que las piezas no encajan.
Africano, europeo y no sé si hasta mongólico. No es cuestión solo cultural. Estoy