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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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diciendo que el asunto avanzaría hacia la desintegración de España y no hacia su
composición. Laín tuvo una intervención muy en su tono apocalíptico. En las
réplicas le objeté que la cuestión no consiste en unirse y consensuar sino en
respetarse en las diferencias. Los aplausos fueron para mí y al pobre Don Pedro se
le quedó cara de circunstancias. Aprovecho para añadir que ya entonces pensaba
que el independentismo me puede ser más o menos indiferente pero lo que me
hastía es el unionismo.
No quiero pasar por alto una fecha, el otoño de 1979 porque es cuando pasé
a ser funcionario, vitalicio en el puesto, pasar como del purgatorio a cielo o de
turista a Vip en un viaje transatlántico en Iberia. Y es que ese año obtuve la plaza
de lo que hoy se llama Titular y entonces Adjunto. Es como, supongo, ser coronel
en el ejército. Ahí se acaba la carrera. Lo de catedrático es un lujo. Y ese lujo lo
logre en el año 1979. Solo me fijare en algún aspecto anecdótico. Me importa más
detenerme, como enseguida lo haré, en mi postura y acción a favor de la
insumisión y mi postura y acción en oposición a la tortura. Obtuve la plaza por los
pelos y porque fueron generosos en ofrecer plazas. Preparé la oposición a la
Adjuntía de Ética y Sociología en dos meses mientras que otros llevaban años en la
tarea. Incluso en ese tiempo continué con mis correrías políticas. En la primera fila
del público se colocaron algunos amigos porque mi presencia tenía, además del
deseo de obtener la plaza, un cierto desafíoa. En el tribunal había conservadores
como Salustiano del Campo que me tacharon desde el principio y Carlos Moya, por
la otra parte, que al final inclinó la balanza y salí a flote. Carlos Moya ha sido un
amigo y siempre le estaré agradecido a lo que hizo por mí. La Adjuntía me dio
estabilidad económica y me posibilitó estudiar más tranquilo y dedicarme a una
serie de compromisos sociales en los que he estado metido siempre. El apoyo a los
insumisos fue uno de esos compromisos. Se inscribía en un pacifismo racional que,
no lo dudo, también tenía sus incongruencias. Al menos las he tenido yo. Un
pacifismo racional y no absoluto, religioso, de santos. Defiende la legítima defensa
o no se opone al tiranicidio, tema en el compararte la buena compañía de Tomás de
Aquino. Lo que sucede es que los impulsos ideológicos nos hacen ser más
comprensivos con unas guerras o con otras, con la consiguiente parcialidad que eso
supone. De tal parcialidad sospecho que nos saldremos nunca. Otro de los
enemigos de algunas de las asociaciones o grupos que comenzamos a formar en