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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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jesuitas y que pilotaba él ya, tal y como lo veía, avanzaba a la desintegración de
comentado golpe del 23F o la entrada, con truco y por la puerta de atrás, en la
Otan. Contra la entrada en este ultradirigido organismo recorrí España como un
peregrino y acabé sin voz, con unos tirones musculares que necesitaron más de un
masaje, y lo decisivo, perdiendo. Aranguren fue un símbolo. Siempre con los
jóvenes y lejos de los carcamales de su generación, dialogante con el
protestantismo, creyente a su manera, heterodoxo y semiantisistema, tuvo
discípulos. Son estos los que configuran al maestro, aunque solo le sigan por sus
huellas. Siendo ya mayor me llamó en más de una ocasión para que le acompañara
a reuniones con damas de la sociedad madrileña con aires de vocación teórica
pero realmente pijas. En una de esas prolongadas meriendas a las afueras de
Madrid, y como empezaba a aburrirme, traté de provocarlas diciendo que no había
cosa más erótica que la castidad. Incluso me amparé en palabras del mismo Sartre.
Se me tiraron encima como lobas. Me llamaron seminarista y no sé cuántas cosas
más. Pronto intervino Aranguren y, con su estilo, zanjó la cuestión. Me dijo que, si
hasta entonces me había hecho caso y seguido en casi todo, en este tema disentía
completamente. Las señoras le adoraron y yo me marché enseguida a mi casa. No
tuve que hacer esfuerzo alguno para ser casto. En una de esas extrañas reuniones,
Aranguren, que no olvidaba, me dijo que en una reciente tertulia en la radio con él
yo me había pasado. Tenía razón, casi le chuleé. En cuanto llegué a casa me di
cuenta y le envié una carta pidiéndole disculpas. En medio de aquellas señoras
continuamos hablando sobre el ruido chismoso que suele circular por Madrid. Me
dijo que era muy cierto lo de tanto ruido pero que no recibió mi carta. Le pedí
perdón y nos dimos un abrazo fuerte. A propósito de Aranguren viene a cuento
recordar que hace justo cuarenta años me llamó para participar en un coloquio en
Girona bajo el lema de “Qué es España?. De los así llamados filósofos jóvenes
íbamos Savater, Eugenio Trías, Tomás Pollán, S. Giner, Juan Aranzadi y yo. Por
parte de los consagrados Carandell, I. Sotelo, Laín Entralgo, etc. Yo me movía junto
a los catalanes porque el grupo de Donosti estaba ya con la mente en Madrid más
que en la tierra prometida y yo debía estorbar. Me hice muy amigo, rápidamente,
de Montserrat Reig, una interesante mujer que falleció muy pronto. Otra persona
que me llamó la atención y la llamó al gran público el libro “
Novisimos
”, sobre los
nuevos poetas se llamaba José María Castellet. Murió no hace mucho. Elegante y
siempre dispuesto a escuchar. Una tarde Aranguren y él nos ilustraron diciendo que
a su edad se liga con rollo teórico. Nada nuevo bajo el sol. Fue original Sotelo