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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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José Luis Aranguren, aunque no fui discípulo directo suyo y otros le conocieron y
trataron antes que lo hiciera yo. Incluso tendrían derecho a decir, es el caso de
Javier Muguerza, que en el círculo de Aranguren ellos están en medio. A la muerte
de Aranguren escribió Gustavo Bueno en El Mundo un obituario indecente. No seré
yo quien esté de acuerdo con la muy religiosa y española frase de que de los
muertos solo se debe hablar bien. Pero lo que estaba fuera de lugar consistía en un
compendio de envidia y resentimiento. A Aranguren le llamaba de todo, curilla,
inane en el pensamiento, maestro de nada, humo filosófico y hasta se atrevía a
reírse de cómo vestía de negro la primera vez que le vio. Solo le quedaba llamarle
feo. En lo de feo tal vez hubiera acertado, al margen de que su estilo y saber estar
recortaba una figura que encandilaba, y lo he podido comprobar, a las damas. Por
otro lado, no creo que Don Gustavo se tomara a sí mismo como modelo de belleza.
Se podía dar la vuelta a lo que se publicaba como lapidario más que obituario y
decir que Aranguren escribió algún libro, entre los varios que nos dejó, de
indudable valor. Uno breve, por ejemplo, sobre Ortega me parece de una maestría
admirable. Otro, y es también un ejemplo, sobre la buena vida no lo colocaría yo en
la producción generadora de pensamiento de alto nivel. Don José Luis, yo desde el
primer momento y no sé por qué privilegio le trataba de tu, me citaba con
complacencia. Y citaba un libro mío “
Saber vivir
” que he estado tentado a comentar
al hablar de la movida madrileña. Este libro tuvo un montón de ediciones, se
vendió, dicho castizamente, como rosquillas. Sigo sin entenderlo porque a mí me
parece malo. No es un libro sino un refrito de artículos y conferencias. El último
capítulo, además, sobre si tiene o no sentido preguntarse por el sentido de la vida,
entraba en una discusión que había puesto en marcha sobre el tema Mario Bunge.
No creo que la mayor parte de los que lo compraron comprendieran una palabra de
lo escrito. El éxito debió estar en conectar con el espíritu del momento que,
aturdido, se refugiaba en la vida cotidiana. Y la vida cotidiana era el hilo conductor
del libro. Don José Luis fue expulsado, junto con A. García Calvo y pocos más,
siendo catedrático de Ética en la Universidad Complutense. Su pecado consistió en
haber encabezado una manifestación de estudiantes. Las dictaduras son así,
descaradas, no se cortan. Aranguren, como le ocurrió a Tierno Galván, tuvo que
hacer su emigración intelectual y la vivió, coincidiendo con los años del hipismo, en
EEUU. Me contaba, con ironía, Ferrater Mora que para Tierno Galván el mundo se
reducía a Madrid. El resto era una especie de nebulosa. A su vuelta de América vi
con frecuencia a Aranguren. Sobre todo, en el Instituto Fe y Secularidad de los