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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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colaborar con el neofranquismo. Por poco me arrastran por la calle. Me llamaron de
todo. Me habría quedado estancado en el pasado. Ni siquiera me concedieron la
gracia del romanticismo. Otro artículo del hasta entonces buen amigo Savater, a
quien, lo digo de paso y a pesar de discusiones feroces y opiniones radicalmente
distintas, sigo estimando, se reía de mí, supongo, ingenuidad. Todos sabemos lo
que ha pasado después. Cada uno que se mire a sí mismo. Yo cuando lo hago
pienso, y qué le vamos a hacer si es pedantería, que tenía razón. Entre tanto los
llamados filósofos jóvenes comenzaron a hacerse ver en todos los medios. Algunos
no eran tan jóvenes, especialmente yo a quien un periodista todo frases me bautizó
“enfant terrible de cosecha tardía”. Comencé a estar presente en tertulias tan serias
como las de la Clave de Balbin, al que pronto defenestraron los socialistas, como en
las más pueriles o rosas. Hablé o participé en conferencias y coloquios de la
izquierda separada unos metros del autocomplaciente sistema al igual que estuve
presente en fiestas o presentaciones de Lowe siempre de la mano de mi buena
amiga Carmen Baliño. Y para colmo aparecí en la primera página del Dominical de
El País vestido de pijo-lujo y con un perro. Esquizofrenia se podría calificar la
conducta. Porque, por otro lado, me adscribían a Herri Batasuna, cosa falsa.
Simpaticé con sus fines y les voté dos veces en la Europeas. Yo no voto por
principio porque es dar la cuerda a quien te ahorca, pero en alguna otra ocasión lo
he hecho por molestar, por ir contra los que racionalizan el voto sin razón y los que
votan útilmente para ser inútiles. Me debieron de poner a caldo. Pero siempre por
detrás. Salvo alguna contada ocasión, la sonrisa por delante y la infamia por detrás.
Cobardía por toneladas. Porque esa es la palabra, cobardía, que ha extendido su
manto por todo el territorio llamado nacional. No lograron tirarme a la cuneta.
Como me decía Carmen Díaz de Rivera a la que me referiré más tarde lo tienen
difícil. Otro tanto, por cierto, opinaba Jesús Ibáñez, persona excelente y sociólogo
interesante. Y es que yo seguía publicando y cumpliendo con las tareas que debe
cumplir quien se encuentra en la vida académica. Además, di la cara cuando había
que hacerlo y eso atrae a la gente que, al menos a mí, es la que más me importa. Y
piensas que alguna utilidad política puede tener lo que dices y haces. De este
objetivo no dimití nunca. La cuestión es que debe dar mucha envidia que hagas lo
que te da la gana, digas lo que da la gana, cumplas con tus deberes y no te puedan
tachar. Tachar del todo, claro, porque tachones todos. Esa envidia la he sentido
siempre como caricia. No en vano los Sádaba tenemos un punto exhibicionista. O,
en otras palabras, no dejare nunca de jugar a Peter Pan y ser, ya me premiaron por