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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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este siempre el omnipresente Senillosa. Fuera lo que fuera la movida, se respiró un
aire de libertad social, de inocua trivialidad y de desenvoltura, algo que caracteriza
al Madrid que se mueve entre lo zarzuelero castizo y el señorío que presume mucho
y dispone de poco.
El tejerazo sacudió una vida que transcurría con mucha calle pero que no
quitaba ojo a un posible redoble de tambores. El amago de golpe, el golpe
manejado o lo que realmente se cociera, lo que hizo, y aquí hablan las bocas de los
que contemplan siempre algo negativo como el comienzo de algo valioso, fue
consolidar la democracia. Y la figura de un Rey demócrata que respetaba la
Constitución de 78. Quien se lo haya creído allá el. También hay personas que
creen en los ángeles. En EEUU más del sesenta por ciento. El 1981 el coronel de la
Guardia Civil tomo por las armas el Congreso y, según se dice, a mano armada.
Entiéndase el juego de palabras para quien ha nacido mucho más tarde. El golpe
tendría como máximo director al General Armada, en su tiempo a las órdenes
directas de un Rey al que protegió y dio la corona Franco. Yo me enteré de que
Tejero había entrado en el Congreso exactamente a las 6,25 de la tarde. Estaba
retocando la traducción que había hecho a las “
Observaciones a la Rama Dorada de
Frazer
” de Wittgenstein. Me llamó mi madre para decírmelo. Inmediatamente
cruces de teléfono por todas y de todas partes. Y cada uno en su casa. Primero por
miedo, segundo porque nadie llamó a ningún tipo de resistencia y tercero porque el
asunto se presentaba turbio, no se sabía de dónde venían los tiros. Por fin habló el
Rey y la tranquilidad, nunca mejor dicho, reinó. A los dos días el mismo rey recibió
a los jefes de los distintos partidos políticos y les dijo que fueran buenos. Fueron
buenísimos. Y luego la manifestación multitudinaria a favor de la democracia. Allí
los diferentes arroyos confluyeron en un mismo río. Típico de un país torero como
es el español. Le gustan los gestos y los desplantes aunque no se mire al fondo del
agua. Pronto llegaron las elecciones de 1982 en las que arrasó el PSOE con Felipe
Gonzáles a la cabeza. Los supuestos rojos le votaron porque, como decían, era lo
que históricamente había que hacer. La verdad es que se votaron a sí mismos. A mí
me ocurrió algo que creo que es digno de resaltar. Una semana antes de las
elecciones escribí un artículo en El País cuyo título era “Y si no voto, qué”. En dicho
artículo proponía la abstención ya que me parecía que esas elecciones iban a ser el
entierro de una izquierda que deseara serlo de verdad y para ello no debía