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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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tuvo todo el afecto que podíamos imaginar y desear. Los rascacielos, que nunca me
impresionaron, quedaban atrás. El Guernica y sus bocetos guardados en mi alma.
IV
Al llegar a Madrid lo que más me llamó la atención fue cómo la gente, y los
conocidos y amigos en particular, se habían recolocado a una velocidad
supersónica. Y casi todos, obviamente, oscilando a la derecha. Se había pasado del
en otro tiempo ensalzado idealismo al ahora, se decía, maduro realismo. Los que
iban de troskistas, radicales, críticos de los comunistas por su moderación o
anarquistas por libres estaban ya si no en el PSOE sí en sus aledaños. O en UGT en
donde se disimulaba más. Por mi parte, me uní a los que se mantenía aun en la
idea de que sin ruptura todo sería, adornada sin duda, continuación de la esencia
de la dictadura. Eso que hoy otros o los mismos, llaman, como si hubieran
descubierto el Mediterráneo, franquismo sociológico. Podrían llamarle franquismo y
se ahorrarían la sobreactuación. Con algunos de aquellos amigos todavía con un pie
fuera del naciente sistema colaboramos con lo que recibía el nombre de COPEL. Se
trataba de personas dispersas que habían estado en la cárcel y mantenían una
contestación anárquica al citado sistema. Confraternizamos algo y ahí acabó todo.
Nada más llegar a Madrid me dieron la buena noticia de que el libro premiado por la
March lo publicaría la editorial Ariel. Un excelente comienzo. Costó encontrar una
cubierta adecuada. Les parecía tan abstracto que la figura de la solapa podía
encajar hoy en cualquier libro de Inteligencia Artificial. Una pequeña anécdota me
hizo ver pronto que ese libro no lo leería ni una docena de personas. Corría yo en
una de aquellas manifestaciones en las que nos perseguían los grises cuando vi que
una colega de manifestación llevaba en la mano mi reciente libro “Lenguaje
religioso y filosofía analítica”. Inmediatamente y de reojo por si se avecinaba otra
carrerilla la pregunté por qué leía ese libro. Me contestó que porque le llamó la
atención. Nada más. Que gustos más raros tiene, dije para mi. Lo de las
manifestaciones era moneda corriente. Yo solía ir o coincidir en tales
manifestaciones con el grupo más anarcoide del curso de quinto al que daba clase.
Del Partido Comunista solo había uno. Naturalmente existían los que miraban lejos,
a un futuro cómodo o de poder. Y, así fue. Uno de ellos ha llegado a ser ministro