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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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miembros del Partido Comunista Español. Nos respondieron airados diciendo que no
nos enterábamos de por dónde discurrían los acontecimientos. El eurocomunismo,
afirmaban, pronto alcanzaría la cima y se abriría una época gloriosa para la
izquierda. A mí me entraba la risa porque conocía ya el destino del eurocomunismo
en Italia y cómo se convirtió en un tigre de papel. Además, utilizaban una especie
de catecismo que aun hoy mantienen algunos no sé si por una cerrada autodefensa
o porque el autoengaño es como un ciempiés. No se cansaban de decir que no
había otra alternativa, que se trataba de un mal necesario y las circunstancias, con
un ejército todavía con recuerdos de la guerra de África, que había que ser muy
prudentes. Esa fue, muy resumida, la llamada transición. Que se vendió al mundo
como ejemplar con una Constitución, la del 78, que no envidiaría a ninguna otra.
Claro que se hizo chantajeando, a dedo, y colocando como jefe inviolable al mismo
rey que había sido el protegido de Franco y jaleado sus acciones, incluido los
fusilamientos del 75, más deleznables. Vivimos hoy una curiosa y vergonzosa
paradoja. Los franquistas de entonces se llaman constitucionalistas y han pasado
de odiar la democracia a ser demócratas de pro. La ingenua o interesada izquierda
que entonces se adaptó, piensa que aquella insigne Constitución no vale. La historia
es lo hecho por un loco y contado por un tonto. Frase de un clásico por excelencia.
Sin duda.
No quisiera pasar por alto mi relación en aquellos días con una persona a la
que tuve y tengo una gran estima. Se trata de J. Ferrater Mora. Ferrater Mora fue
uno de los hombres más cultos filosóficamente hablando que ha dado en el país. En
el exilio, después de la Guerra Civil y en Latinoamérica, compuso su mundialmente
conocido
Diccionario de Filosofía
. Es, sin duda, el mejor Diccionario sobre la materia
hecho por una sola persona. Él hubiera querido que se le conociera por otros libros
de ontología, historia, temas varios y hasta por una elemental lógica que compuso
en los comienzos de su filosofar. Sin olvidar su afición por la producción
cinematográfica. Pero ahí está su
Diccionario
como una catedral, como un conjunto
de volúmenes de referencia a los que debemos recurrir una y otra vez. Le había
conocido, aunque le traté poco en las varias visitas que hizo a España acompañado
por su nueva mujer, la anterior se llamaba René y era francesa, Priscila, dedicada
con todo su ardor a la defensa de los animales. En una Feria del Libro de Madrid en
la que coincidimos y con la mediación de Javier Muguerza quedamos en vernos
cuando yo fuera a Nueva York. Me dio los datos y así comenzó nuestra breve, pero