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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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Javier Sádaba.
Memorias Desvergonzadas
Resumen
Hace ya dos décadas publique unas Memorias en la que trataba de dar cuenta
de cómo vivimos en España la época que abarca desde la Guerra Civil hasta la
muerte del golpista Franco. En estas Memorias continuaré lo allí expuesto pero con
toda la libertad del mundo. No digo que diga todo, pero, dicho castizamente,
trataré de soltar amarras y de esa manera soltar todo lo que o bien lo he callado o
lo he contado en círculos muy reducidos. No hay un interés especial en narrar las
aventuras de Javi, que es como me llamaba mi mujer, me llaman los amigos y,
sobre todo, mi hijo y mi nieto. Sencillamente me apetece volver al pasado y en lo
posible hacerlo público. Y hacerlo con toda la franqueza posible. De ahí que
aparezcan amigos o menos amigos con nombres o apellidos. Por muchos que sean
los fallos de nuestra memoria y por innumerables que se amontonen las
interpretaciones, especialmente a cuenta de una legión de hermeneutas que no
hacen sino entontecer a la gente desde su propia estulticia, los hechos están ahí,
duros, como gustaba decir a Lenin. En ellos y en mis recuerdos me apoyare.
Escribió Lou Andreas Salome que ella solo era fiel a los recuerdo. Yo no soy, claro,
aquella distinguida señora ni sé si me interesa mucho lo poco que de ella he leído.
Pero estoy de acuerdo en que escarbar en la memoria es un ejercicio que exige
tenacidad, satisfacción y veracidad. Sin memoria no hay vida. Somos memoria.
Nuestra identidad, sea esta la que sea, esta tejida de memoria. Hay muchos tipos
de memoria y su estudio nos descubre un verdadero laberinto cerebral. La
neurología, la biología y la sicología intentan avanzar por ese complicado laberinto.
Viaje, sin duda, fascinante. Por mi parte, y siguiendo también en parte a E. Kandel,
mi memoria se inscribe en lo que se denomina explicita y a largo plazo. Parece que
los elefantes tienen una enorme memoria porque la región cerebral llamada
hipocampo es también enorme. El hipocampo pone en conexión las emociones del
sistema límbico y el neocórtex, la zona más desarrollada del cerebro. Me
encomendaré a los elefantes, que gozan de una curiosa religión, para que mis
recuerdos sean lo más ajustados posible a los hechos que narraré.