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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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practicado. En la amistad se funden el amor y la moral. Aunque, parafraseando a
Emerson , un amigo es aquel con el que se puede decir en voz alta lo que uno se
dice a si mismo cuando está solo. Los primeros días en Nueva York fueron
complicados. Nos fueron a esperar al aeropuerto Ubaldo Martínez Veiga y su mujer
Ingrid. Ubaldo fue muy amigo en mis tiempos romanos y la poca actividad que
permitía la situación eclesial la hicimos juntos. Fui yo el que le recomendó a Carlos
París para que entrara en el Departamento de Filosofía. Allí enseñó Antropología y
más tarde obtuvo la cátedra en Sociología. Casi no nos hemos vuelto a ver. Como
aún no habían puesto a punto el piso que nos daba la Universidad de Columbia
vivimos unos días en casa de unos amigos de la pareja anterior que estaban
ausentes y nos la dejaron con tres gatos. Un horror. Los gatos no hacían sino
intentar arañar al pobre Igor que no pasaba de los dos años y medio. Por fin ya en
nuestro piso, compramos un colchón y Elena, muy habilidosa, fue haciendo aquello
habitable. Una persona que nos ayudó extraordinariamente y con una impagable
generosidad fue el filósofo norteamericano de origen judío y a quien conocimos en
Alemania también de la mano de Tugendhat. Su nombre Raymond Geuss.
Hablábamos en alemán lengua que se me daba mucho mejor que el inglés. Lo que
había que buscar con toda urgencia era una guardería para Igor. Lo logramos en la
Red Balom en donde siendo uno de los másrubios tubo que llorar cuando se dirigían
a él en inglés y no a los otros, la mayor parte inmigrantes. Geuss nos ayudó a
instalarnos y orientarnos en todo momento. Y nos puso en contacto con un grupo
de estudiantes muy a la izquierda americana, ingenios, alegres y con un interés
especial por España. Con ellos se pasaba bien, bebíamos algo de mal vino y
hablábamos de todo lo que sucedía en este mundo. Desde una perspectiva de
contestación, de protesta y sin abandonar una mirada utópica. Geuss era un tipo
especial, muy buena persona, anticapitalista, filosóficamente culto,
anticonvencional y luciendo unas greñas que delataban que nada le unía a los
atildados trepadores. Daba clases en Columbia y en aquel momento se movía en el
circuito de la lógica y de la filosofía del lenguaje. Su amistad fue uno de los buenos
momentos en Nueva York y dimos un repaso a las ideas y hechos políticos que en
aquel momento nos interesaban y que, cosas de la historia, son parecidas a los de
hoy. En cierta ocasión, Ferrater Mora, al que me referiré después, me dijo que
había leído un recensión demoledora de Geuss sobre uno de los líderes de la
Escuela de Frankfurt, el filósofo Adorno, y que ejercía de icono para una izquierda
con más sobreactucaión que actuación. Le perdí de vista al muy interesante