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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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había que verles para detectar inmediatamente su patología. Como siempre la
confusión entre una desviación natural, que puede ser también neutra, y, como
diría Mario Bunge, una desviación estadística. Los prejuicios sustituyen a los
principios, una absurda tradición se come el presente y la libertad sexual, que yo la
colocaría en el pódium de las libertades, se rebaja hasta pisotearla. Y todavía
seguimos así por este amplio mundo. En cierta ocasión Jimena , enfadada, dijo que
los españoles le parecían muy contradictorios. Sin darse cuenta acertó. No hizo sino
repetir lo de las dos Españas de Machado. O como decía un jesuita suizo que
después llego a Obispo conocer a un español le resultaba fascinante. O era del siglo
XXI o del XIX. Gómez Lobo era una persona educada, pausado y muy estudioso. Su
talante, repito, era de un conservadurismo a la chilena y fue acentuando con el
tiempo esa veta de un cristianismo que se cerraba sobre sí mismo día a día. La
primera conversación que tuve con el de filosofía me sorprendió mucho. No sabía
absolutamente nada de filosofía orientada en el análisis del lenguaje. Al igual que
decía Ortega que su generación tuvo que atravesar la zona tórrida de Nietzsche, la
nuestra tuvo que respirar al menos aire frío de la llamada filosofía analítica. No
tardó en ponerse al día. Aunque en lo que sobresalía era en el conocimiento de la
filosofía griega. Conocía correctamente el griego y, algo excepcional, lo hablaba
también correctamente. Acabó en EEUU escribiendo y asesorando a aquellos que se
oponen al aborto y a la eutanasia. Para ser exactos, no contra la izquierda en
general sino contra lo que piensa un liberal que sea consecuente tal.
Inconsecuentes los hay. Y en abundancia. Por mi parte yo quería estar al día en
aspectos, siquiera elementales, ligados a la Filosofía de la Ciencia y a la Lógica. Por
eso leí a un autor, más o menos en boga de nombre Stegmuller que divulgaba con
agilidad y me introduje en la lógica por medio del manual que escribió el siempre
admirado por mí , y de cuya amistad pude gozar, Ferrater Mora junto con Leblanc.
Como después he podido comprobar, ese manual ha servido a muchos para
iniciarse en la siempre exigente tarea del razonamiento formal.
La vuelta a Madrid, previo paso por León para recoger a nuestro hijo, me iba a
deparar unas aventuras que tocaban el nervio de lo que empezaba a ser el fin de la
dictadura. No me renovaban el contrato en la universidad lo que equivalía a que me
echaban y, con una mano delante y otra atrás, me veía, con mujer e hijo, en la
calle. Como toda historia tiene su intrahistoria conviene que hable primero de lo