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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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moderno o del capitalismo. Autoras como Irigaray o Cixous han pretendido asumir
la identificación y resignificarla como si los significados dependieran de una práctica
voluntarista, y no de un cúmulo de relaciones de poder, imbricadas en un oscuro y
difícil penetrable orden patriarcal de significados. Como no podía ser de otra
manera en una concepción filosófico-feminista, hablar del cuerpo y su identificación
con lo mujer no puede eludir el tema de la trata y la prostitución.
Luisa Posada critica la diferenciación establecida entre trata y prostitución y
defiende la co-implicación entre ambas. Existen distintos posicionamientos
gubernamentales en torno a la prostitución, y aquí se aboga por el modelo sueco:
el abolicionista. Para el análisis de la trata Posada utiliza la diferenciación
conceptual entre crímenes del contrato sexual y crímenes mafiosos y/o libertinos,
establecida por Celia Amorós en su análisis de la violencia contra las mujeres en
Ciudad Juárez. En esta ocasión Posada trae a colación a Rousseau y a Kant por sus
aportaciones ilustradas respecto al propio cuerpo, estableciendo una clara
diferenciación con Locke: mientras los dos primeros defienden que nadie está
legitimado para pactar su propia esclavitud, Posada se muestra crítica con las tesis
del padre del liberalismo en el Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil. Locke
defiende que nadie es propietario de su propio cuerpo excepto uno mismo; por
consiguiente, nadie está legitimado para pactar la sujeción del propio cuerpo
excepto uno mismo. Parece ser que Luisa Posada critica la tesis lockeana que
defiende que un hombre es propiedad suya; digamos nosotras un hombre o una
mujer, un ser humano. Y aunque nos recuerda que los críticos de la obra de Locke
advierten de que tal aseveración hay que entenderla en la respuesta que el padre
del liberalismo ofrece contra el pensamiento medieval, que hace del ser humano
una propiedad de la divinidad, Posada critica la postura de Locke; no obstante, nos
parece que la crítica de esta filósofa feminista a Locke es una crítica
ad hoc
, pues
quizás podría ser útil la postura lockeana si en vez de la trata o de la prostitución
habláramos de la interrupción voluntaria del embarazo.
Un capítulo aparte ha merecido el análisis de los discursos que legitiman,
prescriben y reproducen la violencia contra las mujeres. Por ello, discursos
libertinos como el del Marqués de Sade son objeto de repulsa
in extremis
. La tesis
que se defiende, con una argumentación pormenorizada, es que la violencia contra
las mujeres es un problema político, y la parcelación de análisis en torno al
problema puede resultar lesiva para llegar a las causas principales de este hecho