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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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continúa siendo moneda corriente, se reduce todo a poner o quitar la etiqueta de
nacionalista. El no nacionalista sería una persona de altos vuelos mientras que
quien deseara marcharse, separarse, cohabitar o lo que fuera con un tronco
inamovible y que es el Estado, no pasaría de un pobre y rural aldeano que ve
menos que un murciélago. Muchos de los iniciales simpatizantes con la lucha de los
vascos e incluso por los comienzos de
Eta
, poco a poco o grandes zancadas,
depende donde vieran el premio, se fueron alejando y oponiéndose. Los vascos,
con su habitual tozudez, habían sido la punta de lanza, junto al exiguo pero
combativo Partido Comunista, contra la dictadura franquista. A los sobrevenidos
demócratas no se les vio el pelo. Luego sí se les vio el pelo y bien peinados Y los
ultraizquierdistas se domaron como en un circo. El PSOE fue el mayor beneficiado
de esta huida de la derecha e izquierda. Cada vez menos fuimos los que
continuamos defendiendo el vapuleado
Derecho de Autodeterminación
, luego
rebajado a Derecho a Decidir. Ahora en mi gremio o cercanías creo, no quisiera ser
presuntuoso, que por mucho que mire a un lado y a otro, solo quedo yo. Para no
enzarzarme en disputas que da pereza repetirla o hacer distinciones escolásticas
que o no se entienden o se olvidan pronto, me gustaría decir lo siguiente acerca de
cuál es mi postura actual y cómo ya entonces se fue prefijando. Pienso que habrá
que distinguir entre sentirse de un lugar, estar en un lugar y ser de un lugar. No
hace falta estrujar mucho las neuronas para saber que estoy haciendo equivalente
el término lugar con el de pueblo, población, conjunto de personas en un
determinado territorio. Yo me siento poco español. Si a alguien le molesta tal
afirmación es que se trata de un nacionalista que, entre las muchas de sus ramas,
se ha colgado de la más primitiva y seca. Emociones y sentimientos son tan
subjetivos que no tienen por qué herir a nadie. De la misma forma que no tiene que
herir a Facunda que me enamore de Mauricia. De sentirme de algún sitio sería de
Euskadi puesto que allí se fueron configurando mis vivencias primeras. Y si me
gusta más el azul que el rojo, lo siento por aquellos que disfrutan con el color
sangre. Respecto a estar, yo estoy o habito en Madrid desde hace muchas
décadas, aquí me he casado, tengo a mi hijo y a mi nieto, además de íntimos
amigos y un tejido de relaciones que dan el aire a la propia existencia. Y en cuanto
a ser la cuestión se complica por la ambigüedad de una palabra que tiene un tan
noble como complicado significado. En cualquier caso, me atrevo a decir que soy de
lo que, en un momento dado, y en función de mi historia, acepto como lo que está
más pegado a mi piel. En ese sentido, y siendo sincero, no soy de ningún sitio. O si