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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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pasándole una mano por el hombro y yo salía con F. Savater mientras este decía,
con realismo incuestionable, que inmediatamente pasaríamos a hacer nuestras
vidas como si no hubiera ocurrido nada. Terrible destino el humano. De Deaño
tengo que añadir que hice con él un viaje a Valencia puesto que el inefable M.
Garrido había invitado a que participara alguno de nuestro Departamento en unos
encuentros con el filósofo Quine, una de las cabezas más potentes del pasado siglo.
Me llamó Alfredo para ir juntos y accedí. Supongo que, porque no quería ir ningún
otro dado que mis conocimientos de lógica entonces eran muy pobres, los que
había estudiado con los jesuitas. Quine me pareció extraordinario en todo. J.
Sanmartin, alumno de Garrido, expuso lo que era su tesis doctoral, dedicada al
complicado mundo de los modelos estándar. Allí vi por primera vez a J. Mosterin,
quien sometió a Quine a un interrogatorio que me pareció en aquel momento de
una brillantez apabullante.
Ya el primer año de mi estancia en la Autónoma, después de haberme librado
de ir definitivamente a cumplir con el Servicio Militar a causa de mi salvadora
miopía, tuvimos no pocos problemas entre un régimen policíaco que se resistía a
morir y un conjunto de movilizaciones, genéricamente prodemocráticas
especialmente en la universidad. Las Asambleas estaban a la orden del día y hacían
que tuviéramos que en unos casos defender a los alumnos y en otros a nosotros
mismos. En el Departamento todos, entonces, parecíamos políticamente gemelos.
Pronto descubriríamos, cuando llegó el interminable período neofranquista, que no
era así. Los más, y como al toque de trompeta, olvidaron sus sobreactuadas
acciones subversivas para entrar en los cauces de, como dirían, la única democracia
posible. Y pronto comenzarían a escalar puestos en la administración, en la
universidad o, descaradamente, en la política. Por mi parte me interesaba de
manera especial lo que sucedía en Euskadi, mi lugar de nacimiento y adolescencia y
donde residían mi familia y mis amigos de infancia. He pasado siempre por tener
mucha conciencia vasca. Me gustaría hacer alguna precisión. Entrar en el tema de
las formas de convivencia política que se han dado, se dan y se tendrán que darse
los humanos, si antes no nos hemos cargado el planeta, es como dar un repaso a la
historia de la humanidad, cosa que queda muy lejos de lo que podría o querría
hacer. Me limitaré a lo que sucedía en España cuando rozábamos los años setenta,
cómo se entendían las pretensiones de los vascos en concreto y cómo, algo que