Página 13 - portada 16

Versión de HTML Básico

El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
12
Somorrostro con Elena, que estaba pasando unos días en Las Arenas para poder
estar juntos y un gran amigo suizo, R. Winiker, cuando recibí una carta de Carlos
París. Previamente yo le había escrito tal y como él me recomendó. Me ofrecía una
ayudantía en el Departamento de Filosofía. Le habían asignado dos plazas. Una se
le ofreció a una chica llamada Ana de la que ha desaparecido toda huella y la otra a
mí. Mi alegría, a pesar de que aún me encontraba en ese estadio en el que el
enamoramiento y la juventud no mira al futuro, fue, como se puede imaginar
cualquiera, grande. Le escribí agradeciéndoselo y le confirmé que en septiembre me
incorporaría a dicho Departamento. También le escribí a Javier Muguerza
agradeciéndole no menos que hubiera influenciado en el nombramiento. Después
me enteré de que su intervención fue nula. Se notará que entonces esos
nombramientos eran a dedo y que el catedrático funcionaba como un amo y el
Departamento de modo piramidal. Con Carlos París hice desde el principio una gran
amistad. Nos unían muchas cosas, desde un punto de vista intelectual, aunque
éramos de carácter muy distinto. Durante el primer año y tratándonos de Vd, yo
suplía sus ausencias en las clases que daba de Fundamentos de Filosofía. Buena
parte de la noche anterior me la pasaba preparando el tema del que debería hablar
al día siguiente dentro del temario de C. París. Fueron mis primeras armas como
docente universitario de filosofía. Los sábados nos reuníamos todos los miembros
del Departamento al que también pertenecían los de economía y sicología y uno
exponía lo que le apetecía dentro de su materia. En la última sesión me tocó hablar
a mí. Lo hice sobre las lecciones que Wittgenstein dicto a unos pocos de sus
discípulos preferidos sobre la creencia religiosa, en concreto la cristiana. Y que han
llegado a nosotros a través de la transcripción que sus discípulos hicieron.
Recuerdo que algo que se me quedó muy grabado fue que, si alguien le dice que
cree en el juicio final, le entiende y no le entiende. Una interpretación fácil es
pensar que lo que quería decir es que le entiende cómo se puede entender la
sentencia de un juez en un juicio penal ordinario pero que no entendía que pudiera
tomar como verdadero un juicio final al estilo de lo que nos cuentan los libros
sagrados. Pienso que una interpretación más acorde con el espíritu wittgensteiniano
es otra. Y consiste en que puede entender que se anhele un juicio universal real
para todos pero que no entiende que eso se lo tome al pie de la letra sería de una
ingenuidad monumental. Una cosa es anhelo y otra verdad.