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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
11
II
Elena y yo teníamos pensado instalarnos en Madrid. Yo llevaba sobre los
hombros dos pesadas cargas. La primera que, al haberse acabado las prórrogas
para no cumplir el servicio militar por no continuar con mi carrera eclesiástica ya
que no me había ordenado de nada, me tocaba vestirme de defensor de la patria
en algún lugar de España. Quiso la suerte que a donde debía ir a cumplir con mis
deberes patrióticos era Ifni, entonces territorio español. Y con camellos. Imagínese
el lector qué panorama. El segundo, que no tenía trabajo alguno. Y, por lo tanto,
estaba, como suele decirse, en la calle. Menos mal que en algún viaje que hice
desde Alemania a España, y acuciado por la necesidad de encontrar el trabajo que
para mí se concretaba en obtener un puesto en la universidad, entré en contacto
con Aranguren al que me remitieron, en concreto, su hija Pilar. Me recibió
amablemente en su casa de Velázquez. No me olvidaré que, distante como en
principio era, cuando se refirió a sus colegas, complacientes con el franquismo y
tomistas que no creo que hubieran leído a Santo Tomás, les llamó “rústicos”. Qué
verdad. Y Aranguren me recomendó que hablara con Javier Muguerza, persona que
destacaba en lo que se dibujaba como una renovación académica. Al mismo tiempo
conocí a Alicia Ríos, mujer de la que guardo un excelente recuerdo y mujer de
Paco, un arquitecto muy estimado La conocí porque era Ayudante de Saumels, un
filósofo de la ciencia del Opus y bastante vulgar en su saber. Alicia, al igual que
Muguerza, me dijeron que visitáramos a Carlos París quien, desde Valencia, había
sido llamado a poner en marcha el Departamento de Filosofía de la recién
estrenada Universidad Autónoma. Yo había leído algún libro de C. París y nos unía,
además, nuestro interés por Amor Ruibal. Nos caímos bien y permanecimos en
contacto. En aquellos momentos en los que se estaba gestando la Autónoma y los
muñidores de la democracia desde el franquismo ponían en pie instituciones para lo
después se ha dado en llamar Transición y que debería llamarse Continuación,
entrar en la Autónoma era el deseo de muchos. Si yo entré allí e hice toda la
carrera académica hasta la jubilación fue gracias a Carlos Paris. Tengo que
reconocer y recordar este hecho de manera semejante a aquellos Momentos
Estelares que relata S. Zweig y que dan otro rumbo a la humanidad. En este caso
pienso que es uno de los pilares de lo que ha sido mi vida. El primero, no haría falta
decirlo, fue Elena. El hecho es que estaba yo dispuesto a ir a la playa de