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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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Una pregunta tiene su horizonte, sus límites “así o así”, la pregunta tiene que ser
planteada y puede serlo correcta o incorrectamente. Cuando no está hecha con
claridad no llega a lo abierto.
En la vida de todos los días hacemos y nos hace preguntas sin sentido, que no
contienen una verdadera orientación. Sentido es orientación de una posible
pregunta. Recuerdo que así empieza sus talleres Sócrates – Brenifier: ¿Tienes una
pregunta? Y te enseña que ni siquiera sabemos preguntar, preguntamos para
hacernos los interesantes, por ejemplo, para mostrar mi saber, eso no es
preguntar.
La esencia del saber no es sólo saber algo sino también excluir lo incorrecto al
mismo tiempo y por la misma razón. La cosa misma sólo llega a saberse cuando se
resuelven las instancias contrarias. Como en la
disputatio
medieval, donde se
proponían las objeciones y se discutían una a una.
En la
Metafísica
Aristóteles enseña que la dialéctica es la capacidad de investigar lo
contrario, en esto consiste la superioridad del saber frente a la opinión, en saber
pensar las posibilidades como tales posibilidades, el saber es fundamentalmente
dialéctico, el sí y el no, sólo puede saber el que tiene verdaderas preguntas.
En la primacía de la pregunta para el saber es donde mejor se muestra el límite que
impone al saber la idea de método. No hay método que enseñe a preguntar Saber
preguntar depende de que se sepa que no se sabe, ese saber conduce a la
pregunta.
La opinión por el contrario reprime el preguntar, el poder de la opinión impide llegar
al reconocimiento de que no se sabe. Y la opinión para nuestra desgracia humana
tiene una tendencia expansionista y dominante. Δοξα era la decisión alcanzada por
la mayoría. ¿Cómo llegar al no saber? La ocurrencia, y tampoco las ocurrencias se
improvisan del todo, también ellas presuponen una cierta orientación. La verdadera