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El Búho Nº 16
Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía.
D. L: CA-834/97. - ISSN 1138-3569.
Publicado en
www.elbuho.aafi.es
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el gusto al ámbito en el que puede afirmar su autonomía en calidad de principio
propio del juicio, el concepto de conocimiento se ve también restringido al uso
teórico y práctico de la razón. Con estos desplazamientos cerró el camino de las
Ciencias del Espíritu, que perdieron su legítima peculiaridad metodológica. A los
románticos sólo les quedó un concepto muy subjetivista de GENIO. Cerró el camino
que reconocía un valor a la tradición formadora del gusto, el gusto humanista
formado, con su pretensión específica de verdad que no es el de la física ni el de la
química.
No hay conocimiento objetivo en el juicio del gusto estético y el genio está por
encima de cualquier estética regulativa. Los extremos a los que llevó en el
romanticismo la veneración del genio son conocidos. En el fondo hay pocos genios
en la humanidad, hay románticos que se tienen por genios o se considera genio al
estrafalario por diferente. No era esa la idea de Kant pero fue una de las
consecuencias no queridas de su filosofía.
Gadamer quiere corregir estos efectos perniciosos de Kant, ¿no es cierto, nos dice,
pese a Kant que también la obra de arte posee verdad?
Inserto un paréntesis “gracianesco”: Originariamente el gusto es más moral que
estético. El hombre de gusto es el hombre renacentista frente al hombre de
escuela, el escolástico medieval. El estilo, la clase,
le charme
. Tardíamente el gusto
se restringió a las bellas artes. Gracián el jesuita del XVII es reconocido como un
gran teórico del gusto. El gusto sensorial, el de las papilas gustativas, al elegir,
logra distanciarse de las cosas que forman parte de las necesidades más urgentes
de la vida. El gusto es una primera espiritualización de la animalidad: La cultura, la
formación no sólo es ingenio también es gusto. El “Discreto”, ideal graciano de
hombre, elige sabiendo, con superioridad y conciencia.
El gusto por otra parte sirve para entrar en la buena sociedad que no tiene que ver
con el rango o el nacimiento sino porque acierta a erigirse por encima de intereses
y preferencias privadas. El gusto es algo que hay que tener, difícil de enseñar. El
buen gusto está seguro de su juicio frente al que carece de gusto. El buen gusto
sabe adaptarse a la moda manteniendo su estilo. Increíble lo que sabía Gracián
sobre el gusto, a quien nunca habríamos colocado en un
backstage
de la pasarela
Cibeles.